Buscar este blog

lunes, 7 de julio de 2008

El vino en nuestra casa

Después de años de cata, degustaciones, ferias, exposiciones, viajes o, simplemente por puro impulso consumista, es probable que hayamos acumulado en nuestra casa un apreciable stock de botellas de vino de todo tipo, calibre y cepaje. Están las joyas de la familia, reservadas para tomar en algún acontecimiento futuro que quizás nunca llegará y que terminarán de herencia para hijos, nietos y/o tataranietos (posiblemente abstemios); están los vinos míticos del viejo y nuevo mundo, que miramos con el mayor de nuestros respetos por ser importados, proyectando al futuro su descorche para esperar un momento especial para su consumo; y está la colección de vinos top nacionales de precios globalizados sin la menor intención de mostrarles siquiera un sacacorchos.
No es este el camino. Los vinos buenos se hicieron para disfrutarlos y sino lo hacemos a tiempo, seguramente veremos en su transcurso, una que otra cápsula suelta, uno que otro corcho mojado por el contenido, niveles de vino sospechosamente bajos, borras consistentes flotando o, en el fondo de las botellas, fases que se separan, o cambios de color.
Por cierto que podemos prolongar su buena salud en el tiempo y evitar la pronta decrepitud, utilizando los medios disponibles para asegurar una larga vida a nuestros vinos, como sótanos acondicionados, cavas y climatizadoras. Pero recuerde: aún así, nada es eterno.
¿Qué podemos hacer entonces? Ser racionales y realistas. Descartemos de entrada todo lo que esté arruinado y solamente servirá para juntar polvo y ocupar lugar. Podemos guardar algunas botellas muy apreciadas por motivos personales y utilizarlas como elemento de decoración. El resto pasémoslo a un inventario por tipo de vino, añada, nivel de calidad y cantidad. Revisemos botella por botella procedamos a guardarlas tal como lo aprendimos para su mejor conservación posible y de acuerdo a nuestras posibilidades. Y ya que controlamos todo, ¿por qué no hacer también una lista de lo que quisiéramos tener y nos falta? Así, oportunamente podremos completar nuestra bodega con lo que realmente queremos.
Ahora que evaluamos y ordenamos nuestro stock por categorías, podemos proceder alegremente a descorchar un mix de etiquetas de acuerdo a nuestro estado de ánimo y nuestras ganas.
No lo dude, deléitese con lo que guarda cuando quiera, sin especulaciones ni autocompasión, no sea egoísta consigo mismo. De esta forma, aparte de gratificarse usted solo o con aquellos que más quiere, contribuirá a mantener sano y actualizado su stock de vinos, minimizando las pérdidas por “malas guardas” y disfrutando día a día del enorme espectro de sabores y aromas que le ofrece la vitivinicultura.

(Club del Vino – Abril 2007)

No hay comentarios: